(AP Noticias) Misa de Vigilia Pascual: El mal, la muerte, el pecado no pueden tener poder sobre Dios, dijo el Padre Minigutti
Misa de Vigilia Pascual: El mal, la muerte, el pecado no pueden tener poder sobre Dios, dijo el Padre Minigutti
En la noche del sábado, se ofició la Misa de la Vigilia Pascual, con la bendición del agua y el fuego, en Parroquia Inmaculada Concepción. la celebración estuvo a cargo del Padre Fabián Minigutti, con la presencia de fieles que colmaron la capacidad del templo.
Durante la ceremonia el Párroco orientó las palabras para profundizar la valoración de la entrega total del Creador y remarcó que:
“El mal, la muerte, el pecado no pueden tener poder sobre Dios y el bien a la corta o a la larga, siempre, siempre”, repitió. “Por eso esta noche de noches, vigilia de vigilias, nos hemos congregado nosotros, no solamente para hacer memoria, sino abrirle el corazón a las vivencias y experiencias, que en este caso estas mujeres tuvieron allá en Jerusalén. Nosotros, a lo largo de estos días hemos visto lo que acarrea el egoísmo de los poderosos que no quieren hacer justicia, el egoísmo de aquellas personas que en lugar de ser servidores de su pueblo se convierten en seres serviles, en lo terrible que es que un pueblo libere a un asesino y condene a un inocente. Hemos sido testigos de lo terrible que puede ser el egoísmo y lo que puede engendrar: odio, violencia, venganza”.
“Hermanos, pero también hemos sido testigos de lo que es capaz el amor, de fortalecerse, aunque sean personas sin ningún tipo de poder, personas frágiles como las piadosas mujeres, están al pie de la cruz acompañando a Jesús, De lo que es capaz San Juan, ese jovencito apóstol que quedó solo al lado del Señor. De la heroica Verónica que atravesando la férrea guardia romana enjugó el rostro del Señor. El amor de María que le dio a Jesús, fortaleza, como decíamos ayer en el campo, lo ayudo en su misión redentora. Lo que es capaz el amor, el amor de Jesús, el amor del Señor. Ese amor que se sacrificó y lo dio todo”.
“Cuando el amor se manifiesta, cuando el amor se vive engendra vida, engendra alegría, engendra paz, engendra perdón, engendra unión. Ese es el fruto del amor, por lo tanto, ese viernes que lo contemplamos fue muy fuerte, porque después de haber sufrido lo que sufrió el Señor, fíjense lo que somos en la humanidad. Le negamos a María, estar un rato con el cuerpo de su hijo, que vaya rápido al sepulcro, ni siquiera una sepultura digna, así envuelto en una sábana, sobre esa piedra, terminó todo, el final, ya está”.
“Alguien decía: “Cuando nació Dios, le negamos un lugar para nacer y nació en una cueva y cuando murió ni siquiera una sepultura digna le dimos nosotros, los hombres. Disculpen, pero lo tiramos en ese sepulcro oscuro y húmedo, ese sepulcro sin luz, esa piedra que quería tapar la vida, la salvación, quería tapar al Dios Amor. El Señor resucitó porque un sepulcro, una piedra no puede encerrar al Dios de la Vida, al Señor de la Vida. Esa piedra fue volada por los aires por ese amor salvador. Esa cueva oscura, maloliente, húmeda, llena de moho, llena de tinieblas se iluminó completamente con el Señor resucitado y entonces la tumba quedó vacía y esa sábana quedó como testimonio del cuerpo muerto, inerte del Señor, pero no preso de la muerte porque resucitó. Quedó como testimonio por los siglos de los siglos”.
Aquí, queridos hermanos, quisiera compartir dos breves ideas: la primera es que muchas veces nuestro corazón, muchas veces en nuestras vidas sentimos momentos de oscuridad, sentimos momentos en que todo está oscuro y no podemos. Muchas veces en nuestra vida sentimos que una piedra enorme nos aplasta, muchas veces nosotros sentimos que estamos encerrados en una cueva y no podemos salir, nos asfixiamos y por un pecado, por una situación de enfermedad, por una pérdida por lo que fuere parece que no tenemos luz y parece que todo se acaba. El Señor venció a la muerte, que el Señor hizo volar por los aires esa piedra y también tiene el poder para hacer volar la piedra que a veces parece que aplasta nuestro corazón. El Señor, Luz del mundo, quiere iluminar también nuestro corazón, a veces esclavo y preso del pecado y diversas situaciones. Jesús, Luz del mundo nos invita a cada uno de nosotros, a cada uno alegrarnos: alégrate porque te amo, porque te perdono, porque te quiero, porque estoy junto a ti”.
“Y la segunda expresión, dentro de un ratito vamos a hacer nuestras promesas bautismales, vamos a recibir la bendición con el agua bautismal y vamos a hacer memoria de nuestro bautismo, y si se me permite la metáfora tal vez un poco jugada, pero al nacer todos nosotros como consecuencia y herencia del pecado original, nuestro corazón es como una cueva, en el que esclavos por el pecado también nosotros tenemos esa oscuridad y esa piedra. El bautismo, regalo de ese corazón abierto de la Cruz y de la Resurrección del Señor viene a darnos Vida, entonces nuestro corazón ya no es una cueva maloliente, un lugar oscuro, nuestro corazón se ha convertido por el bautismo en el lugar, en el templo, en el que Dios vive, es decir Dios vivo habita en mi corazón. Esto hace que cada uno de nosotros tengamos una dignidad divina, somos hijos de Dios. El Señor nos hace participes de su propia vida, esa vida divina, del que muere en la cruz por la resurrección, se derrama sobre cada uno de nosotros en el momento del bautismo y esto es maravilloso. Cada bebé y nenito es un templo vivo como cada uno de nosotros, a veces el tiempo, las debilidades, las tentaciones hacen que vayamos perdiendo esa frescura espiritual y no sintamos lo que tenemos en el corazón y en este aspecto tenemos que pedirle a nuestra Madre Inmaculada que nos haga conscientes de lo que somos, somos hijos de Dios, somos templos de Dios, por eso el Señor nos dice en esta noche, alégrate, alégrate. El Señor nos quiere tanto que ese corazón que nos da vida, es un corazón que nos da perdón”.
Villaguay 2026-04-05