(AP Noticias) Por Ceferino Azambuyo. La esquina de El Gaucho
Por Ceferino Azambuyo. La esquina de El Gaucho
La esquina de Colón y Paso era un lugar, un espacio de encuentro donde funcionaba un negocio cuyo edificio hoy está siendo remodelado. Allí, hace unos días me puse a contemplar la esquina emblemática donde funcionó el comercio fundado en 1960 por Niceldo Leandro Wicky.
El emprendedor había nacido el 27 de febrero de 1932 en Colonia San Jorge, a unos 15 kilómetros de la localidad de Villa Clara. Su primer negocio del rubro ramos generales fue cerca de su lugar de nacimiento y luego se trasladó a Villaguay donde abrió despensa “El Gaucho”, siendo un lugar apreciado por los vecinos por la atención amable y la conservación de elementos que identificaron esos tiempos.
Me situé en ese ámbito, pero desde afuera, a observar los trabajos de restauración y pintura, conservando sus molduras y dejando las aberturas de madera con vidrios repartidos y en una de las amplias vidrieras pude observar que aún quedan vestigios de las letras que identificaban el nombre de fantasía del negocio.
Allí se mezclaban las distintas formas visuales en latas cuadradas, con exhibidor de vidrio circular de las tradicionales galletitas que se dejaban ver para tentar al público, especialmente menor y todos esos aromas que surgían desde los productos sueltos que se expendían a pedido del cliente.
La importancia de un almacén era la posibilidad del fiado que el esmerado despachante contabilizaba en la vieja libreta para sumar a fin de mes con el lápiz que colocaba en la oreja al estilo que lo hacían los carpinteros. Aunque ambas profesiones adoptaron ese hábito para tener las manos libres, los trabajadores de la madera lo hacían mucho antes.
Desde azúcar, yerba, café, quesos de campo y embutidos que eran colgados le daban un bouquet olfativo que era difícil de evitar ser tentado por algunas de las preferencias personales o familiares. Se vendía querosén o alcohol de quemar, que se bombeaban desde un tambor, lo mismo el aceite y el vinagre.
Pan, facturas, caramelos, chicles y otros atractivos eran la delicia de los más pequeños que se ofrecían para hacer los mandados y recibir alguna yapa como sus padres cuando hacían una compra significativa, aunque Don Wicky siempre estaba dispuesto a ser generoso.
Pensé en la importancia de un lugar que muestra una referencia del pasado, pero se une con el presente aún. No quise preguntar el futuro de ese lugar porque quise quedarme con ese impacto a mi memoria y la dedicación de los obreros que hacían su trabajo supervisados por un familiar del recordado propietario. Por la puerta entreabierta pude ver el mostrador. Por un momento me pareció que el pintor acariciaba con su pincel cada centímetro de la madera y el albañil con su fratacho también trataba de alisar con ritmo suave esa pared que conserva huellas de la historia.
Villaguay 2026-09-17