París: la escritura, los escritores, entre 1968 y 2026
(AP Noticias) París: la escritura, los escritores, entre 1968 y 2026

*París: la escritura, los escritores, entre 1968 y 2026

La pregunta que despierta mi interés, entre la escritura, los escritores y estas dos fechas, es: ¿la literatura tiene que ser comprometida, o lo comprometido tiene que ser el rol del escritor, dado que su herramienta de trabajo es la palabra y, como tal, esta puede tener un alcance relativo a su figura pública?

En diciembre de 1968, tres escritores latinoamericanos coincidieron en un viaje de París a Praga: Julio Cortázar, Gabriel García Márquez y Carlos Fuentes. En la estación de destino los esperaba Milan Kundera. Invitados por la Unión de Escritores de Checoslovaquia, los tres dieron una entrevista conjunta a Petr Pujman —publicada por primera vez en español en Las cartas del Boom (Alfaguara, 2023)—. "Los latinoamericanos teníamos títulos para hablar de imperialismo, de invasiones, de Goliates y Davides", diría más adelante Fuentes.

La primera pregunta fue si la literatura latinoamericana era una unidad, a lo que Cortázar respondió: "Personalmente no la quiero demasiado. Apuesto a la diversidad más que a la unidad. El ideal de la unidad latinoamericana es más bien político y económico". Fuentes, por su parte, diría: "Queremos crear un idioma común para todos nosotros, pero al mismo tiempo propio de nuestros países específicos". A su turno, García Márquez respondía: "Por supuesto, está la influencia europea de la que habló Cortázar. Pero la literatura española fue lo primero. Entonces no me siento español, pero no puedo olvidar que nuestros abuelos eran españoles". Antes de finalizar, Fuentes tomó la palabra para hablar de la realidad de México pero, al utilizar un "nosotros", no es desatinado pensar que los tres compartían la siguiente opinión: "Entendimos que la imaginación no se justifica por sí misma. Y además que, una vez que la literatura es realmente literatura, dice mucho más sobre los problemas sociales que cuando el autor tiene como programa escribir literatura social (...). Al escribir sobre realidades imaginarias también estamos escribiendo sobre la realidad y negamos la realidad transmitida por los periódicos y los mass media —que en su mayoría están en manos de los Estados Unidos o de una pequeña oligarquía local—. Ellos no tienen imaginación; nosotros sí".

La imaginación toma el poder
No es casual que la palabra "imaginación" estuviera presente en la entrevista colectiva de los escritores latinoamericanos en Praga. Existe un contexto que la vincula con la famosa frase pintada en las escalinatas de Ciencias Políticas de París y recopilada, junto a tantas otras, en el libro Las paredes tienen la palabra, diario mural, mayo '68, por el profesor Jean-Jacques Cheval. Según él, el Mayo francés de 1968 "es también la aparición de una aspiración a la expresión, a una palabra más directa y liberada de sus limitaciones, más en línea con los temores, las aspiraciones y los cambios sociales y morales de los años 60". A ello agrego, al calor de un contexto mundial de luchas emancipatorias, anticapitalistas y antiimperialistas: la Revolución Cubana y sus repercusiones en toda América; la resistencia triunfante del pueblo vietnamita; la emancipación de Argelia; las rebeliones en África y Asia, por nombrar algunas expresiones político-económicas, sociales y culturales de las cuales Europa no podía estar ausente; como ausentes tampoco podían estar estos tres escritores de las discusiones abiertas por el fenómeno del Mayo del 68.

García Márquez: entre la pasión y la crítica
Por el lado de Gabriel García Márquez, había conocido París en 1955. No obstante, un año antes del Mayo francés se había instalado en Barcelona, donde permanecería hasta 1975. Para "el Gabo", 1968 coincide con la publicación en francés de Cien años de soledad, y recuerda ese año en París, como siempre, entre la pasión y la crítica: "Llegamos cuando todavía estaban rotos los adoquines por las batallas de mayo; ya estas estaban petrificadas en la mentalidad de los franceses: los choferes de taxi, el panadero, el tendero nos hacía un análisis agobiante de los acontecimientos y nos dejaba la impresión de que lo único que hubo allí fue un tropiezo de palabras".

Fuentes: la revolución en las conciencias
Carlos Fuentes es, de hecho, quien dedicaría todo un libro a reflexionar y dar sus impresiones al respecto. En Los 68 o la Revolución en las conciencias y en los corazones, el mexicano rescata, al igual que Jean-Jacques Cheval, que "los slogans, las pintadas (son) el sentido moral de la revolución", como uno de los aspectos, digamos, positivos, y asegura: "Y esto es lo primero que hay que comprender sobre la revolución de mayo en Francia: que es una insurrección, no contra un gobierno determinado, sino contra el futuro determinado por la práctica de la sociedad industrial contemporánea". Lo cual, en parte, difiere del 2026, porque es claro que el descontento actual es contra el gobierno del presidente Emmanuel Macron; no menos —y aquí la parte que coincide— contra un futuro determinado por un presente. Entre todas sus reflexiones, algunas más ocurrentes que otras —como "Maridos y mujeres se separaron por incompatibilidad política, moral y erótica (pues se trata de sinónimos)" o "La revolución ha sustituido a los siquiatras"—, también se encuentran frases donde Fuentes cita a otros escritores: "Camus: la revolución es el único acto que puede transformar las condiciones sociales intolerables, pero al mismo tiempo la revolución puede conducir a la creación de situaciones sociales intolerables".

Esta última frase viene a cuento porque una de las expresiones que hoy se escuchan en los platós televisivos es lo intolerable de la situación a propósito de los destrozos en la ciudad. A partir de allí se podrían establecer otros paralelismos, más negativos, entre aquel pasado y este presente. Por ejemplo, Fuentes decía: "Los mass media han sido monopolizados y domesticados", algo que podría adaptarse a la realidad de 2026 e, incluso, agravarse si tenemos presente el fenómeno de las fake news, las redes sociales con cuentas falsas y las imágenes generadas con IA. De allí se desprende el papel de la publicidad o las propagandas, o de las "necesidades innecesarias", como las presentó Fuentes, quien sentencia: "La publicidad se convierte en el brazo ejecutor de esa demanda innecesaria". Claro está, no hay que olvidar el papel de las llamadas fuerzas del orden: "La policía carece de imaginación: nada puede ofenderles más que una revolución que proclama la imaginación al poder".

Como señala el Colectivo de Acción Judicial —abogadas y abogados militantes— en un texto publicado el 20 de octubre en Révolution Permanente (traducción propia del francés), tras los primeros juicios rápidos por las detenciones del 17 de octubre, las audiencias "se transforman en interrogatorios políticos", los mismos que en la custodia policial, pero a la luz pública, con el fin de dar escarmientos, desalentar la movilización y quebrar el movimiento.

Fuentes destacaba, además, "la creación activa de las condiciones revolucionarias, el indeclinable sentido internacional de los movimientos revolucionarios", lo cual es un vivo reflejo de este octubre de 2026: Francia, Albania, España, Italia, Argentina, Chile... algunos países de Asia y África, y la lista puede seguir. No obstante, las luces siempre estuvieron puestas desde y hacia París.

Cortázar: escoba en mano
Por último, Cortázar, nacionalizado francés, es quizás, de los tres, el más abiertamente reconocido como comprometido políticamente, valorado y criticado por ello. Era consciente de que el Mayo del 68 tenía un ida y vuelta con América Latina y, sobre todo, con Argentina. De hecho, en 1968 la Casa Argentina de la Ciudad Universitaria de París fue tomada y, al respecto, decía: "¿Cómo no iba a manifestarse ese salto hacia una realidad auténtica cuando bajo su techo se venía reiterando la injusticia, la discriminación, la estafa moral que no era más que el reflejo de lo que sucede allá en la patria, allá en los países de América Latina? Tomar esa residencia ha significado para los estudiantes entrar escoba en mano en una casa sucia para limpiarle el polvo de mucha ignominia, de mucha hipocresía (...). Detrás de la ocupación de lo que es propio hay una conciencia que va mucho más allá del perímetro de una residencia universitaria; simbólicamente, poéticamente, estos muchachos han tomado a la Argentina entera para devolverla a su verdad tanto tiempo falseada; y decir eso es decir también América Latina, es sentir a través de este impulso y esta definición toda la angustia de un continente traicionado desde dentro y desde fuera".

Coincidencia histórica o azar del destino, en los últimos meses esa misma Casa Argentina fue motivo de polémica y repudio. Como es de público conocimiento, la gestión de su director —designado por el Gobierno argentino de Javier Milei en 2024 y renunciante en septiembre— suscitó denuncias por expulsiones de residentes, por el retiro de una placa en homenaje a las víctimas de la dictadura y por reuniones de grupos de extrema derecha europea en la residencia. El Ayuntamiento de París llegó a pedir al Gobierno francés que investigara su gestión.

Una obra, un ciudadano
En síntesis, independientemente de mi voluntad, la actualidad social se posa sobre mi mesa de trabajo. En mi caso, tengo que corregir unas pruebas de galera y preparar el recorrido cultural del sábado sobre el Boom Latinoamericano. Pero, insistente, la situación en Francia se erige como una barricada ante mis actividades inmediatas y, con una pancarta, me dice: "Alto, aquí estás, aquí puedes darnos tu apoyo, encontrar tu comité de acción en esta lucha". Y así, un conjunto de libros, PDF, enlaces y fotografías forma la base material de la barricada y, en ella, encuentro la posibilidad de releer a Julio Cortázar, Carlos Fuentes y Gabriel García Márquez hablando de aquel Mayo de 1968, pero cuyas palabras pueden, sin duda, dar lumbre a este 2026.

Todo lo cual me invita a pensar —e invito a ustedes, lectores y ciudadanos, a hacerlo— que ya en 1842 un editorial del periódico alemán Kölnische Zeitung, advertía: "La ignorancia es una fuerza demoníaca y tememos que sea todavía la causa de muchas tragedias". Creo, pues, que allí se vislumbra otro aspecto que dialoga con la pregunta introductoria: el escritor es, ante todo, un ciudadano y, conjugando ambos aspectos, puede contribuir a eliminar lo más posible la ignorancia como el mal fundamental de todas las aflicciones.

De ahí que el compromiso deba realizarse en dos planos: en la obra literaria, ofreciendo una obra; y en el escritor, siendo un ciudadano. Así, la literatura no quedaría condicionada a lo inmediato ni reducida a un bien de consumo o de cambio, intercambiable, sino que sería un bien de uso, pero de un uso que no se agota en lo práctico inmediato: tendría un valor universalista y serviría, en todo caso, a la expresión de una realidad más amplia. No una realidad dicotómica, sino una que ensanche los grados de comprensión de ese fenómeno que llamamos vida en sociedad.

Con este presupuesto, aquella pregunta toma un nuevo interés, sobre todo en este contexto "febril", como algunos medios intentan definir la actualidad francesa —aunque la causa que genera tal fiebre tiene una pretensión global—. Así, las similitudes y diferencias entre el Mayo del 68 y lo que algunos ya llaman la "semana roja" u "octubre rojo" despiertan el interés por el análisis. Sería lo más justo acercarnos a comprender la ironía de este fenómeno, pretendidamente local, que comienza a tomar una dimensión mundial.

*Mario Daniel Villagra
Diplômé en communication sociale et éducation
Master en littérature hispano-américaine – Doctorant
París - Francia 2026-10-22


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